Xalapa, Ver.- (AVC/Verónica Huerta) Las medidas contra el Covid-19, han resultado “más costosas económica, familiar y psicoemocionalmente”, que los daños causados por el propio virus, dado que en México, el 80 por ciento del empleo es generado por las micro, pequeñas y medianas empresas, y la mitad de la economía es sostenida por actividades informales, calificadas así por no pagar impuestos y carecer de prestaciones, advirtió la comunidad estudiantil y académica de la Facultad de Sociología de la Universidad Veracruzana (UV).
Al paralizar a las micro, pequeñas, medianas empresas, se prevé una disminución del seis al siete por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), mayor recesión, empobrecimiento, desigualdades, violencias e inseguridad, refiere un comunicado firmado por Jorge M. Tirado Almendra, en representación de los catedráticos de la Facultad de Sociología.
Señala que este confinamiento en casa a causa del covid-19, generara “actividades informales dominantes como el narcotráfico, la venta de armas, el tráfico de órganos, la explotación de mujeres, jóvenes y niños, menores salarios, mayores presiones sobre el sistema de pensiones, mayor carga laboral a cambio de menores ingresos, todo junto para los próximos años, y por qué no decir meses”.
Agrega que “esta lógica depredadora de rentabilidad y poder voraz, es una lógica civilizatoria impuesta de manera instrumental, violenta, tóxica y autodestructiva sobre todas las dimensiones de la vida social”.
Refiere que la pandemia ha resaltado el criterio monopolista con que operan los consorcios multinacionales que controlan áreas estratégicas para la producción, la distribución, el consumo y el universo de actividades reproductivas del sistema social planetario: Como las finanzas, las tecnologías industriales, los medios de comunicación de masas, las armas de destrucción masiva y los recursos naturales.
“Todo esto ha dado origen, paralelamente, a un sistema social enfermo, deforme y sometido, donde el 1% de la población mundial controla el 90% de los recursos, en tanto el 80% de la humanidad vive en condiciones de pobreza, carente de servicios y derechos elementales, haciendo de las desigualdades, las injusticias, los abusos, la ausencia de información veraz y de pensamiento crítico, sellos distintivos de la Civilización contemporánea”.
La carta de señala que las medidas impuestas de reclusión y confinamiento domiciliario, “han desencadenado pandemias colaterales de miedo, terror, pánico, psicosis, depresión, pérdida de sentido, neurosis, confusión y alteraciones emocionales, acompañadas de violencia intrafamiliar, particular, aunque no exclusivamente, en grupos sociales ya empobrecidos y en amplios sectores afectados por el cierre y quiebre de empresas de diferente tamaño”.
Acusa que a las pequeñas, medianas y grandes empresas se les ha obligado al pago de impuestos y salarios a sus trabajadores, con el cierre temporal indefinido y la ausencia de ingresos.
Por este motivo, en la Facultad de Sociología: Alumnos, docentes y directivos y otras facultades de la Universidad Veracruzana, se han esforzado para trabajar con realismo y optimismo a fin de impulsar cambios sobre el modelo civilizatorio que “ya NO QUEREMOS, a través de acciones colectivas de análisis profundo y apoyo mutuo, oponiéndonos a regresar a la normalidad destructiva del régimen social vigente”.
La carta de la Facultad de Sociología dirigida a la opinión pública, a los universitarios de Veracruz, de México y del mundo declara frente a la emergencia sanitaria imperante, que la pandemia mortal del coronavirus (COVID-19) “creado en laboratorios o surgido fuera de ellos, representa un fenómeno causado por las persistentes agresiones sobre los ecosistemas de sobrevivencia, sistemáticamente desplegadas por la Civilización imperante, caracterizada por la máxima obtención, concentración y centralización de riqueza y poder, al menor costo y en el menor tiempo posibles”.
Los sociólogos recordaron que la actual pandemia, al igual que las ocurridas en los últimos años como Influenza, SARS, SIDA, las que siglos atrás les antecedieron (Peste Bubónica, 1347-1353; Plaga de Marsella, 1720; Pandemia del Cólera, 1820; Gripe Española, 1920; Coronavirus, 2020), ponen a la vista de todos las desigualdades sociales.
“Exhiben un rasgo sociológico aplastante, que pone a la vista desigualdades e injusticias, jerarquías y crueles prácticas de discriminación, despojo, empobrecimiento y exterminio sobre recursos minerales, vegetales, animales y personas de la tercera y cuarta edad, niños y niñas desamparados, adolescentes y jóvenes”.
También esta pandemia del Covid-19 puso a la vista las desigualdades que hay con personas homosexuales y minusválidos, prisioneros y enfermos mentales, así como sobre seres, hombres y mujeres, considerados “pobres”, “desaseados”, “no rentables”, “improductivos”, “ignorantes” y “peligrosos”, condenados a engrosar formas nuevas de esclavitud en incesante aumento.
Argumentaron que la pandemia del COVID-19, exponencialmente difundida a lo largo de 183 países -de 194 reconocidos por la ONU-ha homologado las medidas sanitarias que los gobiernos han aplicado sobre sus poblaciones, y ha evidenciado una faceta más de las desigualdades e injusticias provocadas por el desmantelamiento que las políticas neoliberales practicaron, y siguen practicando, antisocialmente, durante 50 años (1970-2020) sobre los sistemas básicos de salud, alimentación, empleo, educación, vivienda y seguridad, en áreas rurales y urbanas.
Además, “las estrategias globales de los gobiernos neoliberales han desnacionalizado, desestatizado, privatizado y entregado los recursos y bienes nacionales a los Grandes Consorcios Multinacionales, abriendo un amplio espectro de actividades para el incremento de la corrupción administrativa, empresarial y social, así como del crimen organizado gubernamental y no gubernamental, generando carencias para atender no sólo enfermedades como el COVID-19, sino las gripes comunes”.
Recordaron que en México se registraron 6 millones de muertos por neumonía en 2019; el cáncer, la diabetes, la polio, el SIDA a la fecha con 35 millones de defunciones en 2019; más las patologías provocadas por el masivo consumo de alimentos industrializados, de estupefacientes como el cigarro, el alcohol, la cocaína, las metanfetaminas, y a esto se le añade la mayor de todas las enfermedades, no reconocida por no ser atendida en hospitales: el hambre y la pobreza crecientes, fuente de numerosos malestares.
En consecuencia, las pandemias han mostrado los efectos catastróficos de las reducciones presupuestales sobre los servicios de salud: insuficientes hospitales, medicamentos, personal médico, enfermeros y personal de apoyo técnico.
“Esta insuficiencia ha dado lugar a medidas discriminatorias para decidir a quién atender: a quienes poseen capacidad económica o a quienes no la tienen, lo cual se ha visto acentuado por la privatización y encarecimiento especulativo y desmedido de los servicios médicos: enfermarse equivale a perder el patrimonio, sucumbir y morir, en un escenario mundial controlado por Corporaciones”, señala.



