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A sus 15 años, Carlos sueña con comprarse un celular y ser abogado

Desde los 8 años vende dulces en las calles de Xalapa * Para él sus padres son sus abuelos, que lo han criado * Estudia el segundo año de secundaria y llegar a la universidad para ayudar a su familia.

Veronica Huerta

30 abril, 2020

 

Xalapa, Ver.- (AVC/Verónica Huerta) Carlos con 15 años de edad, es un niño trabajador de la calle, ha vendido dulces desde los ocho años y pregunta ¿Por qué se celebra el día del niño? A su corta edad, está seguro de que su primera novia la tendrá a los 25 años, cuando termine su carrera de abogado, mientras tanto su sueño es seguir con la venta de dulces para compararse un celular.

Camina las calles del centro de la ciudad, con su mochila al hombro, adentro trae un recipiente con los dulces que ofrece a los transeúntes, policías, reporteros, y empleados de establecimientos.

Estudia el segundo año de secundaria, y quiere continuar su preparación, hasta llegar a la universidad y ser abogado para poder ayudar a su abuelito y abuelita, quienes le han criado.

“Me paro de la cama a las 08:00 de la mañana, me meto a bañar, me cambio y me vengo a vender, luego voy a la escuela, me llevo bien con mis amigos y saco buenas calificaciones, y ahorita hago mis tareas. La gente me dice que soy admirable porque yo lo que quiero es trabajar, llevo ocho o siete años vendiendo”, expresó.

Cuando se le pregunta por su papá y mamá, Carlos refiere que no sabe, y en seguida afirma “para mi, mi papá es mi abuelito, y mi mamá es mi abuelita, y nada más, vivo con ellos, me han criado, ahí todos trabajamos”.

Este día del niño, en el centro de la ciudad, Carlos se acercó a un joven que conoce para pedirle prestado el teléfono celular, y que le permitiera por unos minutos jugar.

“Para mi es un día cualquiera, no puedo decir que es un Día del Niño, porque nunca he vivido Un Día del Niño, por eso no lo siento, no lo celebro, por eso me la paso aquí vendiendo, aquí me ven siempre trabajando”, indicó Carlos que vive en la colonia Veracruz.

El vendedor de dulces camina por las calles, sin cubrebocas, sin gel antibacterial, sin guantes, sin protección personal, y aunque los adultos temen a un contagio del coronavirus, Carlos dice no tener miedo, que prefiere seguir con su labor, porque en los últimos tres días, apenas le habían comprado lo de 10 pesos.

En ese día del Niño, Carlos recuerda que empezó a vender dulces, porque un día despertó y no había comida en su casa, y su abuelo al ser un hombre mayor de edad tampoco tenía trabajo, así que tenía dinero ahorrado, y pensó en salir a las calles a ofrecer.

“Del dinero que me daban para la escuela, no me lo gastaba, yo quería un juguete y juntaba dinero, pero ese día no había comida y dije: Si compro comida nos acabamos el dinero, mejor voy y vendo y gano dinero, y así empecé, y con lo que vendí ese día comimos todos, y de ahí me seguí vendiendo para que tengamos para comer”, finalizó Carlos.

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