Boca del Río, Ver.- (AVC/José Juan García) Don Brígido es un hombre ya entrado en años, propietario de la palapa “Génesis”, la cual se ubica en la playa Santa Ana de la ciudad de Boca del Río, quien pasó cuatro meses inactivo por la emergencia sanitaria provocada por el coronavirus, hasta este fin de semana que se abrió el litoral a los bañistas.
Brígido Castro y los cuatro integrantes de su familia pasaron dificultades durante los cuatro meses que permanecieron cerradas las playas, ya que la palapa representa su fuente de ingresos y aunque quiso emplearse en otra actividad, como la construcción, pues resultó que las obras también pararon, por lo que se las vieron negras desde marzo pasado.
Incluso, el dueño de la palapa “Génesis” aseguró que casi llega a empeñar la licuadora para contar con qué sostener a su familia.
“Fui a empeñar lo que tenía, si no, cómo íbamos a comer, empeñé lo poco que tenía, estaba empeñando hasta la licuadora casi, no había y no había dinero y no nada más nosotros, todos, gracias a dios parece que vamos a salir adelante; no había dinero y había que comer, la luz viene cara, el agua llega carísima también”, expresó.
Mientras prepara unas bebidas para unos clientes que llegaron a la palapa, don Brígido afirma que su situación mejorará ahora que se autorizó la apertura de las playas.
El prestador de servicios reconoció que recibió pocos clientes durante este fin de semana, pero no descartó que lleguen más bañistas a partir del viernes próximo.
El palapero comentó que acudió a una charla que ofrecieron las autoridades para explicarles la manera cómo prestar el servicio en el marco dela nueva normalidad.
En ese sentido, el señor Castro refirió que instalaba hasta 20 mesas en la playa antes de la emergencia sanitaria, pero ahora solo seis y a una determinada distancia, además de que él y su personal portan cubrebocas y se lavan constantemente las manos con gel antibacterial y el mobiliario se desinfecta para garantizar la higiene a los clientes.



