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Los documentales nos enfrentan a la realidad tal cómo es: Alejandra Islas

Islas comparte el proceso creativo detrás del largometraje y destacó la importancia de llevar historias de esta naturaleza al cine para crear un “tejido de la memoria”, sobre todo en Veracruz, uno de los estados más violentos del país.

AVC Noticias

06 diciembre, 2021

Xalapa, Ver.- (AVC/ Tania Rivera) En 2010 un hecho de violencia sacudió la vida de Esther Hernández Palacios, académica de la Universidad Veracruzana. El mejor asidero que encontró para sobrellevar esta tragedia personal ante la pérdida de su hija Irene y su marido Fouad fue la escritura, lo que resultó en el libro “México 2010. Diario de una madre mutilada”, este doloroso testimonio trascendió a la pantalla gracias a la realizadora Alejandra Islas en el documental “Ester sin h”.

Islas, multipremiada realizadora y directora de documentales de crítica social como “Los demonios del Edén” (2006) y “Luz y fuerza” (2016) consigue a través de su mirada conocer el arduo proceso detrás de la escritura del testimonio de Esther como una madre lidiando con la pérdida, lo que le valió a Islas obtener el Premio “Alejandra Rangel Hinojosa” a Mejor Largometraje Documental Mexicano en la XVII Muestra Internacional de Mujeres en el Cine y la TV en México.

En entrevista para AvcNoticias, Alejandra Islas comparte el proceso creativo detrás del largometraje y destacó la importancia de llevar historias de esta naturaleza al cine para crear un “tejido de la memoria”, sobre todo en Veracruz, uno de los estados más violentos del país.

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Esther refleja el corazón de varias madres en México

Islas se remonta al génesis de este documental a 2016, cuando Hernández Palacios organizó una Mesa por la Paz en la UV, allí la realizadora recibió como obsequió el Diario. Este libro le produjo muchas emociones “el dolor, la indignación, la impotencia, me parecía que hay ahí varios elementos que eran necesarios trasladar a un documental, igual podría ser una película de ficción, pero siempre la realidad es más fuerte”.

Al terminar el libro le propuso a su autora realizar el documental, Hernández Palacios aceptó “de una manera muy amable y generosa” y empezó la filmación en 2017, la cual enfrentó a lo largo de dos años que duró varios obstáculos en su producción, entre ellos el terremoto de ese año en la CDMX y posteriormente la pandemia de covid-19.

A pesar de estos desafíos, Islas comenta que trabajar de cerca con Hernández Palacios fue una maravilla, “fue una relación muy amable y cada vez más amistosa”. La realizadora refiere no solamente que el hogar de la escritora era muy cálido e idóneo para crear, sino que el entorno y la manera en la que Hernández Palacios se relaciona con sus hijas, Betty y Alejandra, le favoreció mucho:

“Tenemos una relación muy amistosa hasta la fecha, ella es muy respetuosa de mi trabajo y yo soy una admiradora de su trabajo, no sólo como profesora sino como una mujer que ha batallado mucho para remontar este episodio tan trágico…La manera en que la literatura y la escritura le ayudó a sobreponerse, para sobrevivir como ella misma lo dice. Esther merece nuestra admiración junto con todas las mujeres, familiares que han estado clamando justicia ya sea por la muerte violenta de sus familiares o la desaparición forzada”.

“En este documental las emociones están a flor de piel, no hay nada más doloroso para un ser humano, para una madre, que perder a sus hijos, entonces ese recorrido emocional que hace Esther en su libro yo creo que refleja bien el corazón de una madre herida, enojada, triste y a la vez con rayos de esperanza, es lo que está pasando en el corazón de muchas personas en México”.

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Los documentales nos enfrentan a la realidad tal cómo es: documental y violencia

Islas reconoce que en los últimos años ha habido una mayor predilección de los realizadores mexicanos, especialmente mujeres, por el documental y asegura que esta preferencia no es fortuita, sino producto de factores como alejarse de prejuicios de que el documental es algo pesado o denso o que forzosamente trata temas fuertes.

“Esto ha tenido que ver con la necesidad propia de la sociedad por saber qué está pasando en nuestro país y en el mundo, es una manera de acercarse a otras realidades. Las personas están siguiendo más los documentales y también las nuevas generaciones están haciendo documental, porque tienen está necesidad de retratar el mundo en el que viven, que está lleno de asombros, de desgracias, de situaciones difíciles que no quisiéramos que existieran pero que son parte de la memoria que estamos haciendo, parte de lo que se va a valorar en los próximos años”.

Así como el documental ha adquirido una mayor aceptación por el público y para los realizadores también es una nueva opción para expresarse artísticamente, de igual forma la violencia se ha convertido en una temática recurrente en el cine y en el arte en general, esto opina Islas al respecto:

“Estas historias que nos duelen ver también nos enfrentan a la realidad tal cómo es, tenemos que hacer consciencia, los documentales abonan en ese sentido, no tanto para dar respuestas, porque no son reportajes, sino son piezas que buscan conectar con las emociones del espectador, sensibilizar y formular las mismas preguntas que nosotros como realizadores nos hacemos cuando nos acercamos a algún tema, que queremos contagiar al espectador, hacer preguntas, tratar de buscar la razón y la verdad en las cosas”.

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Desafíos del cine en México y un premio merecido

La realizadora comparte algunos de los desafíos que enfrentan los cineastas en México, desde temas narrativas y la manera en la que contar la historia o decidir qué es lo esencial para mostrar en las pantallas, hasta temas financieros, pues como destaca “cada pieza audiovisual tiene un costo” para producir y después para exhibirlo; si bien existen varias convocatorias de instituciones culturales del país no siempre son suficientes.

Tal fue el caso de Ester sin h, una producción independiente para la que Islas no encontró financiamiento pues “para estos temas es difícil conseguir dinero, porque no son piezas comerciales que están para otro nicho de audiencia”, aunque afortunadamente recibió apoyó de TVUNAM y la UV para la posproducción.

Por lo anterior, la realizadora expresa que el premio Alejandra Rangel Hinojosa es un reconocimiento que estimula las expectativas del público, pero también un reconocimiento para Esther Hernández Palacios, así como la producción que tuvo que concluir este documental en medio de la pandemia, y añade el siguiente consejo para los realizadores mexicanos:

“Tenemos que acostumbrarnos a remontar las adversidades, hacer estrategias, seamos jóvenes o no, cineastas emergentes o con trayectorias, todos tenemos que pasar por aprendizaje, lo importante es animarse y estar cercanos en la medida de lo posible con nuestros colegas, para generar empatía y ayuda mutua esto es lo que nos hace salir adelante”.

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