“DEBO, NO NIEGO; PAGO, LO JUSTO”
Teresa Carbajal
Juan, el mueblero
Un año antes de aceptar el préstamo, su negocio era uno de los mas acreditados
en la región para adquirir electrodomésticos, mueblería y línea blanca; hoy, solo le
queda continuar sus ventas como vendedor ambulante.
Ello gracias a la voracidad bancaria y a la complacencia de la Corte quien el
cuatro de mayo de dos mil veintidós se pronunció a favor de congelar las cuentas
bancarias de personas con deudas, dando con ello una herramienta
desproporcionada de cobranza a los acreedores, que deja en muerte bancaria,
fiscal y comercial a quienes faltan a uno solo de los pagos de un crédito.
La medida judicial considerada como precautoria, ata de manos y pies a los
propietarios de pequeños y medianos negocios que venden bienes o servicios
dentro de la formalidad.
Aquellos que pagan impuestos, brindan seguridad social, dan empleo y
contribuyen al sostenimiento de este país.
Juan, nombre usado para proteger su verdadera identidad, vive en un municipio
de la zona sur de Veracruz, un lugar del que se ha apoderado la delincuencia
desde hace ya varios años, en donde el cobro de piso, las cuotas y extorsiones
han sembrado el terror de tal suerte que el máximo sueño de los habitantes de ese
lugar es vivir algún día fuera de México.
¿Qué tan grande debe ser el dolor y el agravio de alguien que lo dio todo por este
país, apostando a la formalidad comercial para desear no concluir sus días en él?
Como todo empresario Juan necesitaba de vez en cuando hacer uso de créditos
para apoyar su negocio de muebles, siempre cumplido, siempre pagador, hasta
que la inseguridad le arrebató hasta la paz de su familia, fue entonces que no
pudo completar las mensualidades y entonces se acercó al banco para explicar el
caso y pedir ayuda para seguir pagando, pero conforme a lo que para ese
entonces podía.
Lo que recibió fue un portazo y la advertencia de pagar a la brevedad bajo pena
de embargo, “revise su contrato ahí lo dice todo” -le dijeron- si se atrasa con un
pago procederemos al vencimiento anticipado del plazo.
Es decir que, si alguien tiene cinco años para pagar una deuda, ese plazo queda
sin efecto si se atrasa, pues entonces el acreditante tiene derecho a reclamar el
total del pago sin necesidad de esperar los cinco años, o sea hay que pagar todo
de ‘jalón’.
Con la lógica absurda de, si no se puede pagar un mes, ¡mucho menos 40 juntos!
La inexistencia de planes de pago adecuados al contexto que vivimos, la dureza
de las leyes, pero sobre todo la indiferencia de quienes como en este caso, la
Corte, emiten criterios judiciales que ponen de rodillas a los caídos en cartera
vencida permiten llevar a la quiebra a cualquiera.
Fue ese el motivo por el cual, con dos meses vencidos el banco llevó a Juan a los
tribunales para reclamar una deuda que pronto se convirtió en millones, le
embargó la mueblería, los muebles, un rancho, (casa no, porque no tenía); y le
congeló todas las cuentas bancarias a su nombre.
Le cerró la puerta en seis bancos, y le bloqueo la propia cuenta que tenía con ellos
abierta para impedir depositar abonos a la deuda, con la premisa de no recibir
“paguitos” pues no son ‘aboneros’…
Para ese entonces, con la delincuencia organizada y la de cuello blanco encima
de él no tuvo mas que cerrar su negocio, y esperar en la calle al actuario que fue a
embargar, ahí en la banqueta les pidió embargarlo a él, que era lo único que ya le
quedaba, pues con todo lo que le quitaron no podía ya ni trabajar para obtener
dinero, y pagar la deuda.
Así, aquel próspero empresario mueblero luchador, cumplido y trabajador, hoy solo
puede aspirar a ser vendedor ambulante.
En qué país vivimos que el ciclo termina al revés; pues en lugar que el ambulante
se establezca, es el formal el que termina en la calle.
No se hará la justicia con exponer su historia, pero si ayudará dar a conocer estos
casos para organizarnos como sociedad en reclamo de lo que es justo.
Seguir permitiendo a los bancos estos excesos es empujarnos a todos al abismo
en donde hoy unos, pero mañana otros; serán los que caigan en las garras de la
dictadura del dinero, si no hacemos algo a tiempo para evitarlo.
Una reflexión final es no confiarse, pagar es lo importante pero una adecuada
defensa legal es siempre lo urgente, si no, peor nos hacen ‘picadillo’.
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