Paola Cortés Pérez
Fotos: Cortesía Red de Economía Solidaria La Gira
Xalapa, Ver.- Las redes alimentarias alternativas, además de acercar a productores y consumidores mediante circuitos cortos de comercialización, pueden entenderse como comunidades de cuidado que protegen los territorios y sostienen prácticas económicas solidarias, planteó Laura Emmanuelle Jarri, estudiante del programa educativo (PE) de Doctorado en Ecología Tropical que imparte el Centro de Investigaciones Tropicales (Citro), de la Universidad Veracruzana (UV).
La universitaria explicó que las redes funcionan bajo principios distintos a los del sistema económico dominante, ya que priorizan la colaboración, la solidaridad y la construcción de relaciones directas entre el campo y la ciudad.
Además, se busca apoyar a productores locales que emplean prácticas más sostenibles, permitiéndoles comercializar sus productos a precios justos; al mismo tiempo que se promueve una alimentación más consciente entre los consumidores urbanos.
Laura Emmanuelle Jarri se interesó en abordar este tema en su tesis doctoral a partir de su participación en la Red Economía Solidaria La Gira, una iniciativa local que, además de articular productores y consumidores, ha puesto en el centro las relaciones de cuidado necesarias para sostener este tipo de organizaciones.
Desde su experiencia, observó que estas redes no sólo se crean para cuidar el territorio y a quienes lo trabajan, sino que también requieren de cuidados constantes para mantenerse, pues dependen en gran medida del trabajo colaborativo y voluntario de sus integrantes.
El proyecto titulado “Redes alimentarias alternativas para la transición agroecológica de sistemas agroalimentarios locales de la biorregión de Xalapa, Veracruz”, se desarrolla desde un enfoque de investigación acción-participativa, lo que implica una estrecha colaboración con los colectivos involucrados.
La doctorante destacó que su objetivo es generar conocimiento con incidencia social, estrechamente vinculado a las experiencias y necesidades reales de las organizaciones comunitarias, más que limitarse a un análisis externo o exclusivamente académico.
Asimismo, destacó que estas redes contribuyen a la soberanía alimentaria al sensibilizar a los consumidores sobre el origen de los alimentos, los retos que enfrentan los productores y la importancia de asumir un papel más activo en la distribución y comercialización. De esta manera, el consumo deja de ser una práctica pasiva para convertirse en un acto de corresponsabilidad social y territorial.
La universitaria consideró que las instituciones de educación superior puede desempeñar un papel clave como espacio modelo para impulsar iniciativas de alimentación local y saludable; y añadió que uno de los grandes retos es replantear los esquemas institucionales y los convenios que privilegian productos ultraprocesados, a fin de abrir espacios a redes locales de producción y consumo que fortalezcan la sustentabilidad y el cuidado colectivo dentro de la comunidad universitaria.



